10 Diciembre, 2015 2 min to read

Algunas veces es tarde para viajar

Category : Opinion

Hace un mes falleció mi tía, sabiendo que iba a suceder tarde o temprano. Muchas veces pensamos que el tiempo nos sobra, pero no siempre es así.

Mi tía convivió con el cáncer durante 30 años. Con idas y venidas pero generalmente viviendo bien siempre y cuando no tuviera que pasar por algún tratamiento.

Ella fue la primera persona, dentro de mi familia, de la que tengo registro de un viaje “importante”.

Cuando yo tenía 14 años (1994) ella viajó a Murcia, España, para formarse en los métodos de riego utilizados en las zonas desérticas.  Lo único que trajo de ese viaje fue una colección de 48 fotos… su único trofeo.

El humano es el único animal que es consiente que va a morir. Pero quienes tienen enfermedades como el cáncer hace que ese paso inevitable se vea mucho más cerca, más nítido.
Tarde para viajar

Ella se dedicó de lleno a su carrera profesional, a su trabajo. Dejó de lado cualquier tipo de satisfacción personal para vivir como una persona donde lo único importante era entrar a la mañana y volver a la tarde a la casa.

Su únicas vacaciones eran dejar la provincia de La Rioja (Argentina) y viajar a Buenos Aires a visitarnos a nosotros. Una fiel protagonista de los viajes que no fueron.

Habiendo superado un poco todo el trámite y la burocracia que envuelve una muerte es que me puse a pensar la forma en que ella eligió vivir su vida.

Manteniéndose ocupada en su trabajo logró esconderse de la realidad de que todos, irremediablemente, nos vamos a morir.

La diferencia es que ella tenía mucho más claro que nosotros que tenía, va a sonar feo, una fecha de vencimiento. Y aún así… no hizo nada.

No hizo nada por disfrutar de su tiempo, de sus ingresos. No se casó ni tuvo hijos.

Podría haber dado la vuelta al mundo si así lo hubiese planeado pero no, no hizo nada.

En una de nuestras últimas charlas me contó que la hija de una amiga de ella se había ido sola a viajar por Europa durante un año.

Estaba espantada, indignada.

En su cabeza no se concebía la idea de viajar por placer, mucho menos de hacer “nada” por placer.

Así fue que poco a poco se fue apagando. Mes a mes, día a día, hora a hora.

Pero siempre había algo que ella me decía que cuide y que guarde bien. Sus fotos del viaje a Murcia.

Su único viaje, lo pensó hasta último momento.

Contradictorio, ¿no?. Podría haber hecho muchos más pero se quedó con ese solo.

Y para cuando se dio cuenta y pidió que le guardaran las fotos ya era demasiado tarde para hacer otro viaje.

Algunas veces es tarde para viajar.

¿Conoces a alguien que haya esperado demasiado? Dejanos un comentario debajo.

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