20 Noviembre, 2015 4 min to read

La edad y la percepción de los viajes

Category : Opinion

¿Puede un destino natural cambiar con la edad?, ¿Podemos cambiar nosotros?. Cómo 10 años pueden cambiar nuestra percepción de un mismo lugar en de forma radical. Lo exploramos aquí.

5000 kilómetros en 10 días

Cuando tenía 23 años decidí junto con dos amigos partir en un volkswagen gol diesel partir de vacaciones. Fue mi primer viaje con amigos sin plan pactado.

Es decir, decidimos salir sin tener absolutamente nada en claro de donde íbamos, qué íbamos a conocer y mucho menos donde íbamos a dormir en cada lugar que visitáramos.

Un plan perfecto para 3 chicos sueltos con algo de dinero en el bolsillo para cargar combustible en el auto.

Armados con un par de mapas (no había GPS en ese entonces) decidimos que íbamos a recorrer varias provincias de un tirón tratando de disfrutar lo mejor “posible” el viaje.

Este viaje sin planes nos terminó llevando a las provincias:

  • Córdoba
  • San Luis
  • Mendoza
  • San Juan
  • La Rioja
Cuando uno desconoce el destino o la cultura descubre el impacto que tiene en el cerebro el viajar. Clic para tuitear

Cada mañana despertábamos, mirábamos el mapa sobre el capot del auto y decidíamos hacia donde iríamos ese día. Nada traumático, disfrutábamos de la libertad que teníamos en ese momento.

La cosa es que al llegar a San Juan nos dijeron, no pueden irse de esta provincia sin conocer “El Valle de la Luna“.

Teniendo parientes en la provincia vecina que durante años me dijeron que era un lugar espectacular no dudé en proponer visitarlo.

Visitar el Valle de la luna con 24 años fue la mejor y la peor decisión que pude haber tomado en ese… Clic para tuitear

Para unos chicos de 24 y menos años recorrer El Valle de la Luna se transformó en un tormento. El lugar, tal como me habían contado, es espectacular. me aburro

Nosotros, por la edad, no estábamos preparados para conocerlo. Nos vimos gritando al mejor estilo Homero Simpson “ME ABURROOOOOOO” por la ventanilla del auto.

Increíblemente el lugar era genial, pero nos estábamos aburriendo.

En la provincia de Mendoza nos pasó lo mismo, recorrimos cientos de kilómetros sin detenernos un segundo a contemplar los paisajes que teníamos frente a nosotros.

Penitentes, Potrerillos, el Aconcagua, todos pasaron frente a nosotros sin pena ni gloria. Pasamos frente a estos y nada, no nos produjeron absolutamente nada.

Un viaje inolvidable por la experiencia pero carente de contemplación.

10 años después

Ya en pareja con Rocío, y planeando nuestras primeras vacaciones juntos, decidimos que recorreríamos también varias provincias de Argentina en auto.percepcion - los viajes y la edad

Una vez más me encontré recorriendo 5000 kilómetros, pero esta vez acompañado por otra persona.

Con 34 años, este viaje de caminos similares, fue completamente diferente. Lo planificamos “a medias” y sobre la marcha corregíamos un poco, sobre todo las fechas donde nos íbamos a quedar en cada lugar.

Si un lugar nos gustaba más, buscábamos la forma de no irnos. Si un lugar no nos gustaba buscábamos la forma de borrarnos de ahí y partir rápidamente.

Sin importar que fuera lo que quisiéramos hacer lo interesante de este viaje fue, al menos en mi caso, la capacidad de contemplación de lo que me rodeaba.

Si algo nos llamaba la atención, simplemente deteníamos el auto al costado de la ruta, y caminábamos hacia lo que habíamos visto.

Sin prisa, pero con pausas.

Nos encontramos deteniéndonos al costado del camino 2 o 3 veces al día solo para observar lo que teníamos frente.

Eran los mismos caminos que había recorrido 10 años atrás, pero con la edad eran diferentes. Clic para tuitear

Pero ante mis ojos era la primera vez que realmente los tenía en cuenta.  Fue como si nunca hubiese pisado esos lugares antes.

Todo NO cambia

Se que muchos de ustedes pensarán que las cosas si cambian, las ciudades y los caminos no se mantienen estáticos en el tiempo.

La realidad es que en este caso, donde tuve mi descubrimiento, las cosas no habían cambiado.

Una montaña no cambia, un embalse o un dique no cambian. Cambia uno mismo.

Uno es el que cambia. Uno es el que tiene que estar más abierto para recibir lo que se nos está ofreciendo delante.

Claramente la compañía de Rocío hizo su parte, pero yo era otra persona. 

Como dice Calamaro en si 10 años después… “Si diez años después te vuelvo a encontrar en algún lugar, no te olvides que soy distinto de aquel pero casi igual”.

Me gustaría saber si te pasó algo parecido en algún momento. Déjame un comentario.

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